sábado, 11 de noviembre de 2017

Cìrculos concèntricos de repercusiòn



I
El enigma de Einstein llega a Camino Negro
¿Un problema de ingenio para descifrar delitos complejos?
Pedro tenía  una inclinación particular por descifrar claves y enigmas, eso y su increíble capacidad mental hacía que todos sus amigos le buscaran desafíos, ese fue el caso de este problema de ingenio. El panadero, unos días antes de lo ocurrido con Maira, para poner a prueba a Pedro   le acercó “El enigma de Einstein”, que había sacado de Internet.

Pedro era un hombre grandote, de  ojos claros y pelo canoso, ostensible inteligencia y muy vulnerable, a pesar de que su apariencia.   Su apellido Sansinera lo remontaba a su abuelo, mentor de las carnes congeladas que llevaran el mismo nombre, y pionero en el congelamiento al borde del Riachuelo. La compañía  había logrado desplazar a los saladeros, para luego incorporar las carnes en conserva.

Pedro que, por herencia había sido  uno de los dueños de “La Negra”,  el primer frigorífico de Barracas al sur, quedó en la ruina más anunciada por su temprana adicción al juego, que terminó con su vida de “dandy”.
Cuando Pedro acabó con su fortuna  pasó a ser, sin solución de continuidad, un “linyera con techo”, hasta que por fin, al filo de los cuarenta años, tocó fondo y se estableció en el barrio lomense siguiendo a alguna de sus amantes-enamoradas, que siempre duraban poco. Desde entonces se dedicó a tareas poco ortodoxas, solía escribir y hacer otros tantos menesteres que no le aportaban más que unos pocos pesos, lo demás tenía que ver con el “servicio comunitario” que prestaba, y que tenía ida y vuelta en forma de trueque. Sin embargo jamás especuló con sus “capacidades” de ver más allá, actitud que
mereció el respeto y la admiración de todos, y que consolidó su lugar en la vecindad.
 El enigma, que nunca tuvo nada que ver con Einstein, constaba de una enumeración de datos que debían ser cruzados y averiguar quién era el dueño de un pez como mascota. Pedro, prodigiosamente, pudo resolverlo en menos de diez  minutos. Después le surgió la ocurrencia de denunciar solapadamente lo que sabía con respecto a  Maira.
El trabajo realizado por Pedr para adaptar la incógnita que le acercara el panadero al escenario barrial fue admirable:

“Quién tiene como mascota al pez”

El MECÁNICO vive en la casa PINTADA DE ROJO                                                               
El CHAPISTA tiene como mascota un PERRO        
El HERRERO toma MATE                              
La CASA VERDE esta a la izquierda de la CASA BLANCA
El dueño de la CASA VERDE toma FERNET CON COLA
La persona que fuma PORROS tiene un PÁJARO
El dueño de la CASA AMARILLA fuma HABANOS
El que vive en la casa del centro toma TERERÉ
El QUIOSQUERO vive en la primera casa 
La persona que fuma PACO vive junto a la que tiene un GATO
La persona que tiene un CABALLO vive junto a la que fuma HABANOS
El que fuma MELBOURG, bebe CERVEZA
El PUNTERO no fuma. 
El QUIOSQUERO vive junto a la CASA AZUL 
El que fuma PACO tiene un vecino que toma VINO

Los que recibían el problema de ingenio interpelaban casi furiosos a Pedro, no entendían, y para todos no tenía solución. Entonces él, con criterio, les anunciaba de qué se trataba, y les aclaraba que si lo hacía de esa forma era porque tenía miedo, de otro modo podría correr serio riesgo su propia vida.
Pedro les adelantó, en “sotto voce” y a los más allegados, que “el pez era gordo”, y que si alguien se atrevía a husmear un poco, quizá la situación podría cambiar radicalmente, ya que en realidad era muy distinta de lo que todos creían: “Y estamos hablando de la vida de Maira”, reiteraba. Por supuesto que había quiénes sabían, casi con detalle, lo que verdaderamente había ocurrido, pero justamente estaban del otro lado, pertenecían al otro bando o dependían, de una u otra manera, de los favores del crimen organizado.
Con José, su amigo, se sinceró. Le contó que le había sido revelada la verdadera historia de lo sucedido con Maira, y que era tan cierto porque lo había corroborado, pero que tampoco a José, y para preservarlo, podía decírselo: “Maira está viva, aunque podría sucederle lo peor…”
Pedro había repartido las copias en dos días haciendo un esfuerzo físico y mental . Luego decidió desaparecer del barrio, en un exilio voluntario. Armó un bolso, tomó un colectivo, luego otro, y otro, para estar seguro de que nadie hubiera podido seguirlo. Cuando  llegó a Retiro se subió a un tren rumbo a Tigre, abordó una lancha hasta la isla Martín García y arribó finalmente a donde estaba la casa que pertenecía a un amigo suyo. En el bolsillo llevaba cuatrocientos setenta y cinco pesos que le había prestado José, el tío de Sebastiana.
Pedro era feliz con su vida, sentía que hacía lo que quería y que no debía dar explicaciones a nadie y eso le bastaba para tener ese sabor amable en el día a día. Cuando se precipitaron los hechos con el anuncio de la muerte de Maira y decidió intervenir, sabía que lo que hacía era extremadamente peligroso. Por otra parte no le quedaba otra salida por lo que se le había revelado. Lo suyo no había sido una elección sino una consecuencia que aceptaba: era su deber, “después de todo lo que él tenía era un “Don”, y con los Dones se hace lo que se puede, y fundamentalmente lo que se debe...” -pensaba.
Desde la ventana se veía el Río de la Plata, unas cortinas rotas de color azul enmarcaban el paisaje, recién en ese momento respiró aliviado con lo que creyó una tarea cumplida. Pensó en voz alta: “Zafé, ahora voy a ver a los vecinos de la isla para hacer algunos trabajitos. No voy a volver por un tiempo al barrio.”
Hexagrama 63 del I Ching: “Después de la consumación”. Al comienzo ventura, al final confusión. El Seis al tope indica peligro. El agua llega a cubrirle la cabeza ¿cómo podría soportarse esto durante mucho tiempo? Al atravesar el agua y querer darse vuelta, cae en peligro de ahogarse.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Si



Círculos concéntricos de repercusión
I
El enigma de Einstein llega a Camino Negro
¿Un problema de ingenio para descifrar delitos complejos?
Pedro tenía  una inclinación particular por descifrar claves y enigmas, eso y su increíble capacidad mental hacía que todos sus amigos le buscaran desafíos, ese fue el caso de este problema de ingenio. El panadero, unos días antes de lo ocurrido con Maira, para poner a prueba a Pedro   le acercó “El enigma de Einstein”, que había sacado de Internet
Pedro era un hombre grandote de  ojos claros y pelo canoso, ostensible inteligencia y muy vulnerable, a pesar de que su apariencia. Su apellido Sansinera lo remontaba a su abuelo, mentor de las carnes congeladas que llevaran el mismo nombre y pionero en el congelamiento al borde del Riachuelo. Su compañía   logró desplazar a los saladeros para luego incorporar las carnes en conserva.  Si bien fue por herencia uno de los dueños de “La Negra”,  el primer frigorífico de Barracas al sur, quedó en la ruina más anunciada por su temprana adicción al juego.
Cuando Pedro acabó con su fortuna  pasó a ser, sin solución de continuidad, un “linyera con techo”, hasta que por fin, al filo de los cuarenta años, tocó fondo y se estableció en el barrio lomense siguiendo a alguna de sus amantes-enamoradas, que siempre duraban poco. Desde entonces se dedicó a tareas poco ortodoxas, solía escribir y hacer otros tantos menesteres que no le aportaban más que unos pocos pesos, lo demás tenía que ver con el “servicio comunitario” que prestaba, y que tenía ida y vuelta en forma de trueque. Sin embargo jamás especuló con sus “capacidades” de ver más allá, actitud que
mereció el respeto y la admiración de todos, y que consolidó su lugar en la vecindad.
 El enigma, que nunca tuvo nada que ver con Einstein, constaba de una enumeración de datos que debían ser cruzados y averiguar quién era el dueño de un pez como mascota. Pedro, prodigiosamente, pudo resolverlo en menos de diez  minutos. Después le surgió la ocurrencia de denunciar solapadamente lo que sabía con respecto a  Maira.
El trabajo realizado por Pedr para adaptar la incógnita que le acercara el panadero al escenario barrial fue admirable:

“Quién tiene como mascota al pez”

El MECÁNICO vive en la casa PINTADA DE ROJO                                                               
El CHAPISTA tiene como mascota un PERRO        
El HERRERO toma MATE                              
La CASA VERDE esta a la izquierda de la CASA BLANCA
El dueño de la CASA VERDE toma FERNET CON COLA
La persona que fuma PORROS tiene un PÁJARO
El dueño de la CASA AMARILLA fuma HABANOS
El que vive en la casa del centro toma TERERÉ
El QUIOSQUERO vive en la primera casa 
La persona que fuma PACO vive junto a la que tiene un GATO
La persona que tiene un CABALLO vive junto a la que fuma HABANOS
El que fuma MELBOURG, bebe CERVEZA
El PUNTERO no fuma. 
El QUIOSQUERO vive junto a la CASA AZUL 
El que fuma PACO tiene un vecino que toma VINO

Los que recibían el problema de ingenio interpelaban casi furiosos a Pedro, no entendían, y para todos no tenía solución. Entonces él, con criterio, les anunciaba de qué se trataba, y les aclaraba que si lo hacía de esa forma era porque tenía miedo, de otro modo podría correr serio riesgo su propia vida.
Pedro les adelantó, en “sotto voce” y a los más allegados, que “el pez era gordo”, y que si alguien se atrevía a husmear un poco, quizá la situación podría cambiar radicalmente, ya que en realidad era muy distinta de lo que todos creían: “Y estamos hablando de la vida de Maira”, reiteraba. Por supuesto que había quiénes sabían, casi con detalle, lo que verdaderamente había ocurrido, pero justamente estaban del otro lado, pertenecían al otro bando o dependían, de una u otra manera, de los favores del crimen organizado.
Con José, su amigo, se sinceró. Le contó que le había sido revelada la verdadera historia de lo sucedido con Maira, y que era tan cierto porque lo había corroborado, pero que tampoco a José, y para preservarlo, podía decírselo: “Maira está viva, aunque podría sucederle lo peor…”
Pedro había repartido las copias en dos días haciendo un esfuerzo físico y mental . Luego decidió desaparecer del barrio, en un exilio voluntario. Armó un bolso, tomó un colectivo, luego otro, y otro, para estar seguro de que nadie hubiera podido seguirlo. Cuando  llegó a Retiro se subió a un tren rumbo a Tigre, abordó una lancha hasta la isla Martín García y arribó finalmente a donde estaba la casa que pertenecía a un amigo suyo. En el bolsillo llevaba cuatrocientos setenta y cinco pesos que le había prestado José, el tío de Sebastiana.
Pedro era feliz con su vida, sentía que hacía lo que quería y que no debía dar explicaciones a nadie y eso le bastaba para tener ese sabor amable en el día a día. Cuando se precipitaron los hechos con el anuncio de la muerte de Maira y decidió intervenir, sabía que lo que hacía era extremadamente peligroso. Por otra parte no le quedaba otra salida por lo que se le había revelado. Lo suyo no había sido una elección sino una consecuencia que aceptaba: era su deber, “después de todo lo que él tenía era un “Don”, y con los Dones se hace lo que se puede, y fundamentalmente lo que se debe...” -pensaba.
Desde la ventana se veía el Río de la Plata, unas cortinas rotas de color azul enmarcaban el paisaje, recién en ese momento respiró aliviado con lo que creyó una tarea cumplida. Pensó en voz alta: “Zafé, ahora voy a ver a los vecinos de la isla para hacer algunos trabajitos. No voy a volver por un tiempo al barrio.”
Hexagrama 63 del I Ching: “Después de la consumación”. Al comienzo ventura, al final confusión. El Seis al tope indica peligro. El agua llega a cubrirle la cabeza

jueves, 19 de octubre de 2017

Santiago Maldonado y el NO Estado -esto no es novela-




Por Dios..., Virgencita! Mis Santitos! Sagrado Corazòn!

Que me equivoque, que me equivoque, que me estè equivocando!

Es asì: me apoyo en un aleteo y entonces intento afirmarme, de esta manera conseguìa llegar a saber que les pasaba a los chicos, soy psicopedagoga, bastaba poco... Eso no significa que pueda adivinar, nooo! Lejos de eso...

Busquè saber quièn era Santiago Maldonado, me dolìa mucho... Artesano, trashumante, vegetariano, anarquista? No, no anarquista. Un crèdulo, un alma solidaria, un idealista.

Lloro, se me agujerea el alma! Santiago tenìa su documento en el bolsillo, y estoy segura no siempre lo llevaba allì, lo tenia porque creyò que acreditando quièn era no lo llevarìan preso!

Toda su protecciòn frente a la bestialidad de un Estado, frente a la voracidad de los dueños de tanta Patagonia era su DNI!

Pobre... Pobre...

Pobres de nosotros!!!!

Democracia de tan baja intensidad que los dueños son dueños de los territorios, de los cuerpos, de la Justicia!!!

Este es no es un Estado bestial, es un No Estado

domingo, 8 de octubre de 2017

III ¿ Huellas del futuro?



                                                     

                                        





Francisco y Sebastiana

Después de los dos intensos días que le dieron a Francisco el mismo apellido que su tía, ella volvió a la casona para ultimar cuestiones que tenían que ver con su futura mudanza y su sobrino regresó al complejo donde vivía. Al llegar al barrio, en el quiosco de la esquina se encontró con la bella chica que se había mudado. Era la tercera vez que la encontraba y acaparaba su atención espectacularmente.  
La rubia, con cuerpo de junco y aire inquieto, le removía rastros de una antigua felicidad que no podía definir. Tanto que entró a comprar cualquier cosa y habló con la quiosquera mostrándose simpático y hablador, rasgos poco característico en él. Sebastiana elegía un esmalte de uñas celeste, quería pintarlas para no comerlas, y no levantó la vista a pesar de los enormes esfuerzos de Francisco. Mientras él decidía que le interesaba mucho, ella compró y se fue del negocio. Francisco tomó conciencia de la atracción gravitacional que había ejercido la chica. Para sus gustos, muy selectivos, y su personalidad obsesiva, era toda una elección que invalidaba al universo de posibles mujeres.
                                       
Hexagrama 18 del I Ching : El trabajo en lo echado a perder. Cuando alegremente se sigue a otros, habrá seguramente negocios. Lo firme se halla arriba y lo blando abajo, suave y manteniéndose quieto: lo echado a perder.
El trabajo en lo echado a perder tiene elevado éxito. Antes del punto inicial tres días, después del punto inicial tres días. A cada término siga un nuevo comienzo.
Al comienzo un seis: Arreglar lo echado a perder por el padre. Habrá un poco de arrepentimiento, en ello no hay ninguna falta debido a la bondad de la intención que en este caso resulta resarcidora

II Pedro y su conexión con el más allá



                                                                  

Un vecino muy particular


Con la muerte de Maira todo el barrio se convulsionó, pero fue Pedro quien se puso a trabajar afanosamente para ayudar a dilucidar el hecho. Si bien lo apodaban “el loco”, era un personaje querido y respetado en la vecindad, sabían que no era mentiroso, y que jamás se podrían objetar sus valores morales. Por otra parte, sus acertados  análisis y pronósticos solían asombrar porque se cumplían con prodigiosa exactitud.
Este hombre tenía  una capacidad  parecida al creador de la Teoría de Juegos,  llevada al cine en “Mente Brillante”. Era poseedor de una habilidad para las matemáticas que denotaba un coeficiente intelectual muy alto, tenía una inteligencia pura que se alejaba positivamente de la  media en la campana de Gauss. Incapaz de mantener un trabajo en forma estable, no solía pasar penurias económicas porque conservaba un lugar significativo dentro de la comunidad.
Pedro, para muchos, estaba hipotéticamente en el lìmite filoso de una patología mental. Sin embargo él aseguraba haber sufrido una abducción en el antiguo puerto Buenos Aires. Seres de Negro, a los que no aceptaba llamar alienígenas, según contaba, lo habían llevado en un viaje a otra dimensión cuando tenía menos de veinte años. Estaba convencido de que las entidades que lo secuestraron no eran para nada buenas, y que logró escapárseles gracias a la creación de una reproducción de él, un clon o avatar que los mismos Seres habían hecho y que por confusión le permitió la huida. Según creía, su avatar permanecía internado en un neuro-psiquiátrico con su nombre y apellido, figurando su edad como de 72 años. Pedro era un par de años menor y hacía más de dos décadas que vivía en Lomas de Zamora, más precisamente en las proximidades de Camino Negro y Rodríguez, con varias mudanzas en su haber que nunca lo alejaron más que un par de cuadras.
Lo indiscutible en Pedro era esa especie de “antena virtual” que le permitía, según sus dichos, estar conectado con el Más allá, obteniendo datos de vaya a saberse qué huellas del futuro. Como si se ubicara en un tiempo y espacio distintos y pudiera trasladarse a su antojo, hacía viajes astrales al mejor estilo de los monjes Zen. Su trabajo, descripto por él mismo, consistía en recabar información para dilucidar enigmas humanos. Un Sherlock Colmes, sólo que Pedro, en lugar de lupa, tenía “una conexión clandestina que le daba acceso a los saberes de los Hombres de Negro”, y hablaba muy en serio.
Después de enterarse de la cruel y misteriosa muerte de Maira esa misma noche logró saber de qué se trataba y  reprodujo el enigma de Einstein con otros datos. En el enigma, que se suponía apócrifo en cuanto a la autoría, había cinco casas y veinticuatro datos para ubicar. La resolución del acertijo, según aseguraba, llevaría a la “otra solución”, a averiguar qué había sucedido con la joven. “Si todo sale bien, podríamos dejar de llorarla”; “a lo mejor el pez es el dueño del barrio y todos somos sus mascotas”, decía a los amigos, que quedaban pensando en el juego de palabras que hacía.
Luego sacó fotocopias, trescientas, que iba a repartir entre los vecinos, sin confiar demasiado en que lograran resolver el problema. Según las estadísticas, menos de 2% estaba capacitado para llegar a la solución. Pocas personas, en el mejor de los casos, podrían saber en cuál de las casas tenían como mascota a un pez. Esa era la incógnita, pero que encerraba otra verdad y tenía que ver con la querida Maira, que, como Tamara, creía  viva. Pedro suponía, sin razón cierta, que quién pudiera llegar a resolverlo tendría, además de la inteligencia, el valor como para ayudar en una causa tan delicada.


Hexagrama 23 del I Ching: La desintegración significa ruina, no es propicio ir a ninguna parte: los vulgares crecen. Sin embargo el nueve al tope significa que hay todavía un fruto grande que no se ha comido: mientras que el noble obtiene un carruaje, al vulgar se le derrumba la casa.

                                                                     

viernes, 6 de octubre de 2017

El barrio que se mueve



I
La muerte de Maira
Los Lòpez, la madre y los cuatro hermanos

Con la tarde se empezó a adentrar el frío del otro lado de “Camino Negro”. En el terreno cercado, gracias al alambrado que pagó “el Toti”, los perros chumbaban alocados. En la casita de ladrillo que ocupaba el antiguo perímetro de la casilla de cartón-madera llena de huecos por donde entraba el frío, el agua y la miseria -con los que habían lidiado denodadamente Toti, como hijo mayor, la madre y los cuatro hermanos- la tragedia supo colarse por algún agujero no cerrado. Maira, su hermana menor y única mujer, había muerto incomprensiblemente. La iban a enterrar sin siquiera saber si era ella…
La encontraron incinerada dentro de un auto en la villa pegada al Riachuelo, casi llegando a puente La Noria. Su madre apenas pudo reconocerla por los arreglos en los dientes y el anillo de casamiento. En cambio Toti y los hermanos no estaban dispuestos a creer en la muerte de su hermana. No por el momento. Quince años eran muy pocos, y no creían… De manera casi irracional esperaban otra oportunidad para desmentir su muerte. Maira estaba embarazada del dueño de los cyber, situación que llenaba de dudas a sus hermanos acerca de esa paternidad. No así a su madre que, en definitiva, veía con alegría que su hija hubiera podido “ubicarse” aceptablemente. La familia López iba a velar también al futuro nieto y sobrino: el primero.
En un barrio pobre, de murgas, gente desocupada y mucha delincuencia, siempre hay brujas que adivinan lo que pasó, lo que pasa y lo que va a pasar. Este era el caso de Tamara. Desde su nombre de bruja, su gato negro sin más, sus raíces tehuelches y su aquelarre místico ecléctico, adivinó lo que sucedió con Maira, como era de esperar.
En una pieza de chapa donde convivían sin protestar el Gauchito Gil, San Jorge, una imagen de Buda, un Sagrado Corazón y una foto de la Madre María encuadrada, enorme y amarilla con marco recién pintado en color oro, conjuraba a los espíritus que hablaban por su boca en un trance que a veces duraba hasta diez minutos.
 El más chico de los López corrió hasta su casa con una foto de su hermana y la rebeldía ahogada por el llanto. Tamara, tomó la foto y confirmó la inminencia de la tragedia, “estaba en un grave problema esa chica, casi sin salida, pero con esfuerzo y algunos trabajos podría dar a luz una hermosa niña”.
-Pero si esta muerta… –Balbuceo el hermano menor con los mocos llegándole a la boca…
    -No, no puede ser. - Retrucó Tamara con la seguridad de una visión.

La bruja volvió a tirar las enormes cartas de tarot que estaban acorde con su importante contextura. Sin perder la calma, mientras renovaba las ofrendas en una ceremonia sui generis, prendió el ventilador de techo para que diera lentas vueltas -de esa forma bajaba el aire calentado por la estufa- y se sentó nuevamente en el formidable sillón forrado de terciopelo rojo, ennegrecido y grasiento por el uso, que fuera un regalo de alguien muy importante, un político.

     - No esta muerta, hay un error o una gran simulación, tu hermana no esta muerta. –Sentenció la bruja.










III Sebastiana y una nueva vid



Sebastiana se muda: la nueva vecina de Francisco
.
Sebastiana había ganado una  considerable suma de dinero jugándole al 32. La tarde anterior, una joven gitana logró sacarle sus últimos 100 pesos adivinando su triste presente  y un  futuro en el que le auguraba un gran amor. La dejó entre lágrimas y sin plata, pero  cuando se despedía  le había profetizado el número ganador: “jugale al 32 todo lo que puedas…” Sebastiana le hizo caso  sin creer: ¿cómo iba a decirle esa chica gitana el número que iba a salir, si tenía semejantes dones para qué necesitaba  leer manos?   La verdad fue que la misma gitana no sabía que estaba acertando. Había dado  en el blanco  en un intersticio  producido por el encuentro con Sebastiana. En el acercamiento de estas dos chicas se creó, en forma circunstancial y efímera,  una  comunidad que empoderò a la adivinadora.
El palpitar del barrio se asomó por la ventana. Todo era color y energía en Camino Negro y Rodríguez. A las diez de la mañana la gente hormigueaba  saliendo o entrando. El sol iluminaba alegrando el departamento recientemente alquilado. “Acabo de comenzar un nuevo ciclo”– se dijo Sebastiana para sus adentros. Estrenaba un hogar donde había algo nuevo y algo viejo, algo azul y algo prestado. Había encendido una vela en un altarcito improvisado y estaba sobre la mesa una excelente cámara de fotos, última generación, prestada por su tío, para despuntar la distracción con su hobby, en circunstancias que  no le eran sencillas de superar.
Su departamento se ubicaba en los monobloques, donde la inseguridad se había hecho habitual en lo que en otros tiempos fueron descampados que prometían progreso. Verdaderamente Rodríguez y Camino Negro había mutado en las últimas décadas. Sin embargo para Sebastiana, que vivió su infancia allí, por conocido, era lo seguro.
“Curar las penas”- se dijo y rezó delante de la Virgen.Su casamiento frustrado había determinado que las cartas se barajaran y se volvieran a repartir.
En la parroquia  le propusieron entregarle por cinco días una imagen itinerante de la “Rosa mística”. Medía ochenta centímetros y era sencillamente bella, con tres rosas en su pecho y un halo espiritual que la hacía realmente conmovedora. Ella construyó un altar donde iba a repetir lo que debía llevar una novia, como lo que había hecho para su nuevo hogar. Compró un ramo de flores, prendió un sahumerio de incienso, pidió prestada una carpeta de ñandutí a su mamá, y le puso su rosario a la Virgen, el mismo que también había sido  el de su madre y su abuela, el que iba a llevar al altar si todo hubiera salido bien.
 “Veinticuatro años no eran muchos, o si…” -Dudó. Todavía se sabía atrapada en un mundo anterior. Un mundo donde alguien la esperaba llegar vestida de blanco del brazo de su tío, en una iglesia perfumada con aroma a azares y rosas, y para coronar: una gran fiesta cuidadosamente preparada. Quizá la parte que más la fascinaba de esa historia era su vestido blanco. El vestido de novia atemporal y romántico que tenía un diseño recreado de viejas revistas, los “figurines”, mucho más antiguos que los Bourda, y que eran patrimonio heredado de su abuela modista. En la cabeza hubiera llevado un increíble tocado con una magnolia. En la mano sólo el viejo rosario familiar y otra magnolia. El vestido le había costado mucho esfuerzo y dinero. El corsé fue bordado con piedras por sus tías maternas que habían oficiado de hadas madrinas para el evento. Cuando lo probó por primera vez no pudo contener el llanto: era  lo que había deseado…
El casamiento no era una necesidad, significaba un sueño. Con una distinta postura que la de su madre y su abuela, se había atascado en la misma quimera. “Un sinsentido”, pensó, pero que le seguía doliendo como duelo nada sencillo de resolver: el de las ilusiónes
Sebastiana había estudiado una carrera corta, diseño y decoración de interiores. Su extracción social le impedía emprender la carrera de arquitectura, demasiado larga y costosa. Se había recibido con las mejores notas mientras trabajaba en su propio Cyber, a pocas cuadras de su casa, montado gracias a un dinero que había recibido por un juicio laboral de despido. Nicolás, su novio, sin aportar otra cosa que la aprobación a sus ideas y el acompañarla en una sociedad machista, pasó de inmediato a ser “el dueño del Cyber”, por su sola condición de ser hombre y por haberse mudado al entrepiso del negocio que acondicionó para vivir.
Sebastiana no podía negar su corazón herido. El hombre con quién iba a casarse en un par de meses, dueños ambos de tres Cybers -dos más creados por ella gracias a su fuerte espíritu emprendedor en una expansión tan audaz como beneficiosa-  había dejado embarazada a una menor de sólo quince años, con la que mantenía una relación poco clara. Nicolás, entre una denuncia penal o el casamiento, había elegido llevar al registro civil y al altar a la quinceañera.
A Sebastiana, con cinco años de noviazgo, la situación  le resultó increíble cuando se develó. Quizá una parte de ella lo sabía, pero lo negaba con tozudez… Nicolás era su primer novio y creció con ella. Sin embargo ya no le resultaba confiable, a tal punto que en un acto de lucidez había establecido ante escribano público que los Cybers eran de ambos, ya que ella, habiendo puesto el capital, la visión y  el trabajo, no figuraba en nada.
Sebastiana rumiaba sus pensamientos tratando de digerir lo impensable desde su negación. “Nunca era ella la que hablaba de tener hijos, y hasta la extenuaba la idea después de haberse tenido que hacer cargo de sus hermanos menores, Nicolás, en cambio, quería tener seis y vivir en un pueblo de la provincia, proyecto que para nada la seducía”.
“La cuestión no pasaba por Nicolás” -Sebastiana prosiguió haciendo un “mea culpa”- “Habían sido muchos los indicios y  pistas que dejaba, las cuentas no cerraban y él había cambiado demasiado. El carácter de Nicolás se había tornado agresivo, tanto que muchas veces sentía que había dejado de amarlo. Sin embargo esta situación había quedado silenciada hasta para ella misma. “Todo por el bendito casamiento: una total estupidez…”- terminó auto incriminándose como corolario de sus pensamientos.
“Dejaría atrás lo antes posible el pasado.” Minutos más tarde su mamá tocó  el timbre del portero  para contarle que el matrimonio gay era un hecho. Un motivo para festejar. Su familia había sido fuera de la norma, su padre había muerto cuando ella era pequeña y fue “el tío José” quien los ayudó a que sobrevivir haciendo de padre, y muchas veces también de madre. José no era pariente de ellos, pero había pasado a pertenecer a su familia, que fue enteramente funcional a partir de su llegada. La incorporación de tío José fue  azarosa y tuvo que ver con una mirada piadosa de Dios reconociéndolos muy desamparados, a ella, a su mamá y a sus  hermanitos. José era homosexual y no cabía duda de que había sido el hombre más bueno y más querido que hubiera podido existir jamás: el mejor del mundo.
Poco tiempo después apareció en el departamento José, con una flor en la oreja, festejando la aprobación de la ley. No porque pensara en casarse, aclaraba José, sino porque era borrar, en gran medida, el estigma discriminatorio que tuvieron que sufrir todos, a pesar de tanto amor. Sebastiana abrazó  a José y se dio cuenta que  había hallado al responsable de abonar sus ideas bizarras sobre el casamiento, el vestido y la fiesta: “…José, el entrañable José.”
Empezaba a sentirse mejor, el día era hermoso, puso la Traviata de Verdi, y le sobrevino una sensación de felicidad. Sabía que haría que un par de vecinos suyos amaran la ópera. “Es cuestión de escuchar y nada más… El gusto por la ópera también era influencia de José. Una buena influencia…”, pensó.
Mientras se bañaba sonó su teléfono, y saltó el contestador. Al reconocer la voz de Nicolás salió de la ducha y escuchó lo que iba a dejar grabado: “Tengo una importante noticia para darte, aunque triste y sorprendente… Maira murió. Soy viudo, y por lo tanto libre. Si me podrías perdonar nos casaríamos lo antes posible, te amo como siempre, y espero tu decisión…”
Sebastiana volvió a escuchar el mensaje y como respuesta corrió al baño y vomitó el desayuno. Ya no sentía amor por Nicolás sino asco.

Hexagrama 59 del I Ching: Disolución significa separarse, dispersarse. “Ellos ahuecaban troncos para hacer barcos y endurecían maderos en el fuego para hacer remos.”